Por: César Diaz

|

01 Feb, 2016

Las grandes innovaciones, cuando aparecen, dan la impresión de incoherentes y extrañas"
Niels Bohr, Premio Nobel de Física 1922.

Hoy, la constante innovación es una exigencia de consumidores y clientes, los cuales cada vez están más informados y empoderados. Esto hace que la carrera por la innovación sea algo apremiante y demandante para todas las organizaciones. El acceso a la información, así como el abaratamiento y simplificación de herramientas tecnológicas son una tendencia que permite a competidores más pequeños estar en prácticamente igualdad de oportunidades frente a grandes corporaciones, de modo que el verdadero diferenciador o la ventaja competitiva, no es la tecnología en sí, sino lo que nuestra organización es capaz de ofrecer al mercado como soluciones concretas derivadas del uso de dicha tecnología.

 

Pensar que con disponer de un millón de dólares para adquirir lo último en tecnología basta para obtener una ventaja competitiva, es como pensar que al adquirir un violín Stradivarius (violines finísimos que datan del siglo XVII y que, de hecho llegan a costar esa cantidad), es suficiente para garantizarnos un concierto magistral. Obviamente requeriremos también de un maestro violinista y de la partitura de una obra maestra.

 

Pero entonces, ¿cómo podemos asegurar que una nueva tecnología verdaderamente venga a ser una innovación? Simple, si ve una nueva tecnología con el potencial de aplicarse a su organización, asegúrese de considerar también el impacto que tendrá ésta en los procesos y la estructura organizacional que deriven del uso. De esa  forma podrá sacar mucho mayor provecho de su inversión
 

La clave está en ver qué tan alineados estarán la nueva tecnología, los procesos y las personas, pues lo que determina el nivel de desempeño de una organización, no es cada elemento de ellos por separado, sino el nivel de interacción entre los tres.

 

La verdadera innovación

Para ser considerada una innovación, no necesariamente debe tratarse de un súper revolucionario concepto con el potencial de crear toda una industria; a veces solo basta con un producto o servicio con mejoras relevantes desde la perspectiva de los clientes. Una mente abierta es un prerrequisito para la innovación, pero para que algo que ha nacido como una simple idea transite por el tortuoso camino hasta convertirse en una innovación aplicable, requiere dedicación y paciencia para “pulir el concepto”, así como un esfuerzo continuo para hacer que otros también vean su potencial dentro y fuera de la organización, muchas veces en maneras que ni el innovador original pudo ver al inicio.

Sin embargo, en las organizaciones se tiende a confundir la innovación con la simple adquisición de nueva tecnología. La innovación no solo se trata de nuevas tecnologías, también se trata de nuevas formas de trabajar y de organizarse; un nuevo proceso, un nuevo servicio, el darle un “toque personal” a una buena práctica en su industria, son solo algunos ejemplos de cosas con el potencial de derivar en innovaciones. En última instancia, la tecnología es un medio para potenciar el proceso de creación de valor para clientes y consumidores; esa es la verdadera innovación, la cual implica echar mano más que de un proceso de análisis (dividir el todo estudiando de cada una de sus partes), de un proceso de síntesis (tomar elementos de dos o más cosas aparentemente sin relación, recombinándolas en nuevas formas). 

Eso requiere de un tipo de liderazgo diferente, de personas capaces de imaginar esa nueva tecnología aplicada a transformar ideas, opiniones y hasta quejas (propias y ajenas), en nuevas soluciones de negocio. Requiere de tomar el riesgo de salirnos de nuestra zona de confort. Para ello, hay que centrarse en necesidades concretas, pues no importa qué tan “innovadora o revolucionaria” le parezca a usted su idea, si no es capaz de volverla tangible de forma que los demás sus clientes internos o externos) perciban su valor, entonces terminará como “una buena idea más”.

Precisamente por eso la innovación, en opinión del Dr. Peter F. Drucker, no es algo que se hace una vez y ya, por el contrario, es una disciplina que debe ser cultivada. Si su idea vale la pena, entonces también lo es el esforzarse en encontrar formas de hacer percibir a los demás su valor. La innovación y la perseverancia son “compañeras de viaje”. En GBM Consulting sabemos que detrás de la tecnología hay personas. Por eso potenciamos el valor de los procesos y proyectos de nuestros clientes manejando también el aspecto humano y organizacional con base en metodologías de clase mundial.


Edición #65

Business transformation Edicion #65

Contenido

  • Informe de Responsabilidad Social Empresarial 2015
  • Agencias Motta agiliza sus procesos
  • Un Gol por la Educación otorgó 299 tabletas
  • Principios básicos que debe tener un Data Center
  • 5 precauciones para evitar errores graves en la migración de datos
  • Introducción a la Orientación a Servicios por medio de SOA
  • Bienvenidos a la Era Cognitiva
  • Biometría próxima frontera de la prevención del fraude online
  • ¿Por qué importa la infraestructura TI?
  •  Soluciones de colaboración para empresas en desarrollo
  • ¿Estás preparado para entender a tu consumidor?
  • SAP HANA Análisis predictivo
  • Innovar es mucho más que adquirir nueva tecnología
  • F5 fortalece capacidades de la comunidad OpenStack